Dos italianos se empotran un culo prieto
El tipo más musculoso le agarró las nalgas al otro y le escupió en el agujero sin avisar, sintiendo cómo el culo se le cerraba de los nervios mientras el italiano más bajo le lamía las pelotas con lengua lenta y jugosa. El grandote le clavó los dedos en la carne del culo, estirándoselo bien para que el orificio rosado quedara al descubierto, y le escupió otra vez antes de empujar su verga gruesa y venosa contra la entrada sin piedad. El moreno más pequeño gimió con la boca llena de carne palpitante, sintiendo cada vena de la polla que se le abría paso dentro con un sonido húmedo y baboso que solo hacía subirle más la excitación. El grandote no perdió tiempo y empezó a empotrarlo contra la pared de la ducha, con el agua resbalando por su lomo sudado mientras las nalgas le temblaban con cada embestida profunda que le arrancaba un quejido ronco y gutural. El moreno se agarraba a los azulejos con fuerza, sintiendo cómo la polla enorme le llenaba el culo hasta el fondo, rozándole la próstata con cada golpe certero que le dejaba las piernas temblorosas y la leche a punto de explotar. El grandote le cogió de la nuca y le obligó a girar la cabeza para besarlo con saliva espesa, mientras le apretaba las nalgas con las dos manos para clavarle aún más su miembro gordo y caliente. El moreno no pudo aguantar y soltó un chorro de leche espesa por toda la ducha, manchando los azulejos mientras el grandote seguía dándole sin piedad, sintiendo cómo el culo se le contraía alrededor de su polla con cada espasmo de placer. El grandote gruñó como un animal y le llenó el culo de semen caliente, escurriéndosele por las piernas mientras ambos caían al suelo entre gemidos ahogados y cuerpos sudados y temblorosos. Cuando por fin se separaron, el moreno se quedó jadeando con las piernas abiertas, sintiendo cómo el culo le ardía y le dolía deliciosamente, mientras el grandote se limpiaba el sudor de la frente y le sonreía con una mirada que prometía más follada sin fin.