Motociclista dotado empala a dos gorditos al ritmo de Lana
El motero de barba frondosa y verga monstruosa llegó sudando a la fiesta con dos chicos recién conocidos: un moreno de culo prieto y ancho como un jamón, y uno flaquito de piel tostada que no podía dejar de babear al ver esa bestia de carne palpitante. Sin perder tiempo, el motero los empujó contra la pared entre risas y groserías, bajándole los pantalones al gordo para dejarle el culo al aire mientras el delgado se arrodillaba sin pensarlo dos veces para empezar a chupar esa polla negra y brillante como si su vida dependiera de ello. El motero gruñó de placer al sentir la lengua caliente del flaquito rodeando su capullo hinchado, mientras con una mano le agarraba la nuca para meterle hasta la garganta, haciéndolo atragantarse con cada embestida. Entre gemidos ahogados y babas resbalando por la verga, el gordo se acercó por detrás frotando su verga contra ese culo prieto cubierto de tatuajes, lamiéndole el cuello y mordisqueándole la oreja mientras le susurraba que quería sentirlo dentro hasta el fondo. El motero, con la polla ya completamente empalmada, escupió en su mano y se la untó por todo el rabo antes de clavarle el capullo al gordo sin piedad, haciéndolo gritar de dolor mezclado con placer mientras los temblores le recorrían el cuerpo al sentir esa verga enorme abriendo su agujero como si fuera mantequilla. El flaquito, entre toses y babas, se levantó para que el motero le empotrara también esa verga negra y gruesa, agarrándose de sus hombros musculosos mientras la música de Lana Del Rey sonaba de fondo, mezclándose con los sonidos húmedos de los cuerpos chocando, los gemidos guturales y el crujido de las camas bajo el peso de sus embestidas brutales. El gordo, ya sin aire en los pulmones, se dejó caer contra el pecho del motero mientras este le metía hasta los huevos dentro de su culo, sintiendo cómo cada golpe le hacía perder la cordura y le nublaba la vista de tanto placer, hasta que el motero lo levantó en el aire como si no pesara nada y lo empaló contra la pared, follándoselo con movimientos salvajes que lo dejaron con las piernas temblorosas y el coño bien mojado, aunque fuera macho. El flaquito, al verlo sudar y gemir como una puta en celo, no pudo resistirse y se arrodilló de nuevo para limpiar con la lengua los restos de leche que ya empezaban a escurrirse por la verga del motero, lamiéndole el glande con movimientos circulares hasta que este soltó un rugido y le disparó una corrida espesa y caliente directamente en la boca, obligándolo a tragar hasta la última gota mientras el gordo, jadeando y con el culo enrojecido, se corría contra el muslo del motero sin necesidad de tocarse, dejando un charco de semen en el piso que brillaba bajo la luz tenue. Los tres quedaron tirados en el suelo, exhaustos, con la polla del motero aún palpitando entre sus piernas y las bocas llenas del sabor salado de la leche recién corrida, mientras la canción de Lana seguía sonando como banda sonora de una noche que ninguno de los tres olvidaría jamas.