Chico tatuado empotrado con verga negra brutal
El flaquito de piel blanca no podía creer lo que veía cuando el moreno le agarró el culo con esas manos enormes y le escupió en el agujero sin avisar. La verga negra, gruesa como un brazo, le resbaló entre los labios del coño apretado mientras él gemía con los dientes apretados, sintiendo cómo le abría por dentro sin piedad. El moreno lo empujó contra la pared del baño del gimnasio, donde el aire olía a sudor y a loción de afeitar barata, y sin más preámbulos le clavó hasta el fondo, haciendo que el flaquito chillara como puta en celo. Cada embestida le arrancaba un quejido ronco, sus tetas pequeñas botando al ritmo de los golpes brutales mientras la verga negra se hundía hasta las pelotas en su culo bien apretado. El moreno le agarraba del pelo teñido de rubio sucio, obligándolo a mirar hacia atrás mientras le escupía en la boca abierta, ahogándolo con su saliva espesa antes de volver a empalarlo con saña. El flaquito sentía cómo le quemaba por dentro, la carne sensible al límite, pero no podía dejar de mover el culo para recibir más, ansioso por sentir esa verga monstruosa reventándole las entrañas. El moreno gruñía como animal salvaje, con los músculos marcados bajo la tinta negra que le cubría los brazos, mientras le hundía los dedos en las caderas para clavarlo más hondo. El sudor les resbalaba por los cuerpos, mezclándose con el olor a sexo sucio y animalesco que inundaba el pequeño cuarto. Cuando el moreno sintió que ya no aguantaba más, le ordenó al flaquito que se arrodillara y le abrió la boca de un golpe, metiéndole hasta la garganta esa verga negra que ya goteaba pre por todas partes. El flaquito tragó como pudo, sintiendo el sabor salado y espeso inundarle la lengua mientras el moreno le sujetaba la cabeza con fuerza, empujando hasta hacerle llorar. Pero no terminó ahí: el moreno lo levantó de un tirón, lo volteó boca abajo sobre el lavabo sucio y volvió a empalarlo, esta vez más lento pero igual de brutal, haciendo que el flaquito se corriera sin tocarse, con el coño empapado y los muslos temblando. El moreno gruñó como bestia al sentir el culo del flaquito apretándosele alrededor de la verga, ordeñándolo hasta hacerlo explotar dentro de él con un chorro caliente que le llenó las entrañas hasta rebosar. El flaquito quedó jadeando, con el culo adolorido pero más mojado que nunca, mientras el moreno le limpiaba los restos de leche con los dedos antes de salir del baño dejando un rastro de semen en el suelo.