Me clavan dos consoladores en el culo a la vez
El cabrón ya venía con la idea de meterme dos vergas a la vez desde que me vio desnudándome en el espejo del baño, pero nunca pensé que fuera a ser tan cabrón como para empalmarme con esos dos trastos gordos que sacó de la maleta. Me empujó contra la cama boca abajo, me abrió las nalgas con las manos y sin piedad me metió el primero hasta el fondo, haciéndome aullar como una puta en celo mientras la saliva me resbalaba por la barbilla. El segundo no tardó en colarse, resbaladizo y caliente, y al sentir el doble estiramiento mis piernas temblaron como gelatina mientras le suplicaba que me dejara correrme antes de que me reventara por dentro. Cada embestida era como si me partieran en dos, el sonido húmedo de los golpes entre mis muslos ahogaba mis gemidos mientras los dos consoladores me abrían como a un jodido juguete roto. Las lágrimas me corrían por las mejillas pero mi verga no paraba de gotear pre, clavada contra el colchón porque no podía mover ni un puto dedo de lo bien que me tenían empalado. De pronto uno de ellos me agarró del pelo y me echó la cabeza hacia atrás, obligándome a mirarlo mientras me follaba con saña, y el otro no se quedó atrás, metiéndoseme hasta la garganta de los empujones que me daban contra el colchón. El dolor se mezclaba con un placer tan sucio que me corrí sin poder evitarlo, rociando la sábana mientras mis entrañas ardían como si me estuvieran quemando por dentro con cada envite. El cabrón que me sujetaba la cabeza se corrió dentro de mi boca con un gruñido animal, y el otro me llenó el culo de leche caliente que me resbalaba por los muslos, dejándome hecho un guiñapo tembloroso sobre las sábanas empapadas en sudor y semen.