Dos flaquitos se empotran después de clase
Nada más salir del insti los dos críos se metieron en el vestuario para que nadie los viera, pero el calor que les quemaba por dentro no se podía esconder. El más alto, con esos ojos verdes que le hacían parecer un angelito, se le acercó al otro con la polla ya dura y le susurró al oído que no aguantaba más. El flaquito de culo prieto y piel suave se dejó caer de rodillas sin pensarlo y se tragó toda la verga circuncidada hasta la garganta, mientras gemía de gusto al sentir cómo le llenaba la boca. El otro le agarró de las nalgas con fuerza y le clavó los dedos en la carne, sintiendo cómo el culo le ardía de ganas de que lo empotraran sin piedad. Se pusieron de pie y el más alto lo empujó contra la pared, le bajó los pantalones cortos hasta los tobillos y le escupió en el culo para que entrara más fácil. Con un empujón brusco le metió la verga hasta el fondo y el flaquito gritó de placer, sintiendo cómo le abría por dentro con cada embestida salvaje. Las nalgas le rebotaban con cada golpe de cadera y el sonido de los cuerpos chocando resonaba en el vestuario vacío, mezclado con los gemidos ahogados del más bajo, que ya no podía más que dejar que lo follaran como a una puta cualquiera. El de ojos verdes le agarró del pelo y le obligó a mirarlo mientras le metía la polla hasta la garganta, ahogándolo entre gruñidos mientras el otro se corría dentro de su culo estrecho, goteando leche por los muslos cuando por fin se retiraron. Los dos quedaron jadeando, con las camisas pegadas al cuerpo sudoroso y el olor a sexo flotando en el aire, sabiendo que la próxima vez no se conformarían con un rapidito en el vestuario.