Samary se empotra su coñito estrecho con un juguete
El sonido de su respiración agitada llena la habitación mientras se retuerce en la cama, las sábanas revueltas bajo su cuerpo. Yo la observo desde el umbral, disfrutando cómo se muerde el labio mientras sus dedos exploran su coño mojado antes de que yo le ordene seguir. 'No te corras hasta que yo lo diga', le susurro, y ella asiente con los ojos vidriosos de deseo. Agarra el consolador con manos temblorosas, pero yo le detengo: 'Primero chúpalo, puta, quiero ver cómo lo preparas para mí'. Ella obedece, metiéndoselo en la boca hasta que la saliva lo cubre, y yo sonrío al ver cómo su garganta se mueve al tragar. Cuando por fin le permito usarlo, lo introduce despacio, gimiendo al sentir cómo su coñito apretado lo envuelve. 'Más fuerte', le exijo, y ella obedece, empalándose con movimientos bruscos que hacen chocar sus caderas contra la cama. Cada vez que se acerca al orgasmo, yo le ordeno parar, disfrutando cómo suplica entre dientes, 'Por favor, déjame correrme, por favor'. Pero yo quiero que suplique más, que me ruegue de rodillas, y cuando por fin le doy permiso, su cuerpo se arquea y su coño se aprieta alrededor del juguete mientras grita mi nombre. Ahora, mientras se derrumba en el colchón, solo piensa en una cosa: cuándo volveré a usarla.