Escondido vi a mi mujer masturbarse en la ducha y me encendí
Estaba escondido tras la cortina, conteniendo la respiración mientras miraba a mi mujer enjabonándose el coño con esos dedos ágiles que ya conocía demasiado bien. El vapor empañaba el espejo, pero no podía apartar los ojos de cómo se mordía el labio al rozar el clítoris hinchado, los gemidos ahogados contra su mano mientras el agua caía en cascada sobre sus tetas pequeñas y firmes. Sabía que si alguien entraba — el vecino, mi hermano que vive abajo — nos pillarían en pleno pecado, pero no podía resistirme a acercarme sigiloso, con la polla ya dura como una roca. Cuando me agaché para chuparle el coño desde atrás, sus muslos temblaron y me empujó la cabeza más adentro, susurrando 'más fuerte, Marty, que me corro'. El sonido de mi lengua lamiendo sus jugos mojados llenó el baño, mezclándose con el golpeteo de la ducha, hasta que la hice girar y me la follé de pie contra los azulejos, sus uñas marcándome la espalda mientras me apretaba contra ella. Cada embestida la hacía chocar contra la pared, sus gritos ahogados en mi hombro para no alertar a nadie, pero cuando le llené la boca de leche caliente, solo alcanzó a gemir 'puta suerte que no nos vieron' antes de que el semen le resbalara por la barbilla.