Raquel la milf tetona sorprende con su coño caliente en cuatro patas
Nunca me había fijado en cómo se le marcaban los músculos de los brazos cuando trabajaba en el jardín, pero esa tarde, mientras me miraba con esos ojos de cachorro hambriento, sentí cómo mi coño se humedecía sin control. Lo invité a pasar con la excusa de tomar un café, pero en cuanto cerró la puerta, metí la mano por su pantalón y noté lo duro que ya estaba. ¡Dios, nunca imaginé que tendría una verga tan gruesa! Al chupársela, sus gemidos eran tan profundos que me dieron escalofríos. Me coloqué en cuatro patas sobre el sofá, arqueando el culo para recibirla entera de una estocada, y él no perdió tiempo: empezó a embestirme con fuerza, haciendo que mis tetas rebotaran con cada movimiento. Cuando mordió mi nuca y me agarró del pelo, supe que estaba cerca, así que le exigí que se corriera dentro, y así lo hizo, llenándome hasta que el semen chorriaba por mis muslos. Próxima vez, pienso cabalgarlo hasta dejarlos inconsciente.