Zxlecya follada con el culo perfecto tras su yoga diario
Empujando mi trasero hacia arriba en la postura final del ejercicio noté su presencia detrás ordenándome no moverme ni un centímetro. Zxlecya se mantuvo quieta con las mallas pegadas mientras sus dedos rozaban la tela y bajaban todo hasta mis rodillas. Él exigió que abriera más las piernas y yo obedecí sintiendo el aire frío en el coño ya mojado. Su polla presionó contra la entrada pero esperó hasta que supliqué permiso con voz baja y avergonzada. Cada embestida me hizo gemir pidiendo control total sobre mi placer mientras mis pechos pequeños rozaban el suelo. Mis dedos tocaron el clítoris por orden suya sin permitirme correrme todavía. El calor creció tanto que rogué autorización llamándome su puta sumisa y él aceptó solo tras hacerme repetir la frase varias veces. Mis piernas delgadas temblaron cuando me empotró más hondo controlando cada movimiento. Las caderas chocaron contra mi culo redondo hasta que sentí el orgasmo recorrer todo el cuerpo. Las mallas terminaron en el suelo con una mancha húmeda visible.