Anaconda me llenó de leche después de retar a mi coño
Me dijo: 'Te apuesto que en menos de 11 minutos te hago correrte más veces que tu propio dedo'. Sabía que era una provocación, pero yo no me iba a quedar atrás, así que me puse en cuatro patas con las medias de seda brillando bajo la luz, el culo en pompa y el coño ya mojado, retándolo a que me diera lo que yo podía resistir. Prixilatina me ayudó a humedecerle la polla con mi boca, chupando hasta que estuvo dura como el puto acero, entonces la sentí entrar de una estocada que me hizo gemir tan fuerte que el vibrador en mi clítoris casi me tira al suelo. '¿Así de malo te pongo, perra?' murmuró, agarrándome de las caderas para clavarme hasta que las nalgas chocaban con sus pelotas, sintiendo cada vena de su verga rozándome el cuello del útero, y yo no podía evitar gritar '¡Más, más!' mientras el sudor me caía entre los pechos. Cada vez que intentaba recuperar el aire, él me empotraba de nuevo, el sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación y el escozor en mi coño se convertía en un placer que me hacía convulsionar. '¿Te rindes ya?' preguntó, pero yo solo podía sacudir la cabeza, demasiado ocupada sintiendo cómo me apretaba los pezones y me tiraba del pelo para controlarme, hasta que sus embestidas se volvieron más desesperadas y supe que estaba cerca. 'Voy a llenarte este coño de leche', gruñó, y yo le contesté: 'A ver si puedes', retándolo hasta el final. Su polla empezó a latir dentro de mí y sentí el chorro caliente inundándome, llenándome entera mientras él gruñía como un animal y yo apretaba los músculos alrededor de su verga para ordeñarle cada gota. Cuando salió, todavía temblando, lo miré fijamente y le dije: '¿Contento, campeón?', mientras su leche goteaba entre mis muslos. Él solo sonrió, satisfecho, pero con la mirada de quien sabía que la próxima vez le costaría aún más ganarme.