Jimken entra al cuarto de su hermanastra y la encuentra gimiendo de placer
Jimken no podía creer lo que escuchaba al pasar frente a la puerta entreabierta de la habitación de su hermanastra. Los gemidos ahogados, el crujir de la cama, el sonido húmedo de un coño siendo follado con urgencia. Sabía que no debía entrar, que era un territorio prohibido, pero la tentación era demasiado fuerte. Con el corazón acelerado, empujó la puerta y vio a su hermanastra montando a un tipo desconocido, sus tetas rebotando con cada embestida, los labios de su coño brillando de lo mojada que estaba. El tío le agarraba las caderas con fuerza, clavándole la polla hasta que ella gritaba, los dedos hundidos en las sábanas. Jimken sintió cómo su propia verga se endurecía al verla así, tan puta, tan entregada, sabiendo que esto estaba mal pero sin poder apartar la mirada. La hermanastra lo vio y, en lugar de detenerse, le sonrió con complicidad mientras el tipo seguía empotrándola contra el colchón. Jimken no pudo resistirse, se bajó los pantalones y se acercó, listo para unirse a la fiesta. La próxima vez, no habrá espectadores.