Jessica Bangkok se deja empotrar con polla dura en la oficina
—'No aguanto más, métemela ya, Derrick'— le susurra Jessica Bangkok mientras se quita las medias de seda. Él no esperaba que su secretaria, siempre tan formal con sus gafas y tacones, le pidiera esto así, de repente. Pero al ver cómo se agacha y le desabrocha el cinturón con manos temblorosas, entiende que hoy no habrá más juegos. La polla de Derrick, gruesa y palpitante, ya está lista para entrar en ese coño apretado que gotea de excitación. Jessica se muerde el labio cuando la punta le roza el clítoris, pero no se detiene: se sienta de golpe, empalándose hasta que las caderas chocan. Él la agarra de las nalgas, marcando el ritmo con embestidas profundas que la hacen gemir sin control. El sonido de la piel golpeando la piel resuena en la oficina vacía, mezclado con los jadeos de Jessica, que clava las uñas en su espalda. Derrick siente cómo el coño de ella lo aprieta, como si no quisiera soltarlo nunca. Cuando por fin se corre, lo hace con un gruñido ronco, llenándole el vientre de leche espesa. Jessica se queda quieta un segundo, sintiendo el calor que le baja por los muslos, y luego sonríe con malicia: —'La próxima vez, quiero que me lo hagas contra la ventana'— dice, sabiendo que él no podrá resistirse.