Mi ex loca volvió a follarme y no puedo olvidarla
—'Nunca te dejé de desear', susurró mientras te agarraba del cuello con sus uñas pintadas de rojo. La tensión entre ustedes había crecido por semanas, miradas robadas en el café, mensajes borrados a última hora, hasta que esa noche la puerta se abrió y ella entró con sus tacones altos y una falda que apenas cubría su culo perfecto. La empujas contra la pared, sintiendo cómo su coño ya mojado se frota contra tu polla dura a través de los jeans. Le arrancas la blusa, dejando al descubierto sus tetas naturales que rebotan mientras te la chupa con esa boca de labios rojos, tragando tu verga hasta que las lágrimas le corren por las mejillas. La volteas y le bajas la falda, admirando su tatuaje en la cadera antes de hundir la cara entre sus nalgas y lamerle el culo mientras gime tu nombre. La pones a cuatro patas en la cama, separándole las piernas para ver cómo su panocha jugosa brilla bajo la luz, y de una estocada se la metes entera, sintiendo cómo sus paredes se aprietan alrededor de tu polla. La embistes contra el colchón, escuchando el sonido húmedo de cada penetración, hasta que ella grita y se corre, apretando los muslos mientras su jugo te chorrean por los huevos. La volteas otra vez, ahora para mirarle a los ojos mientras la empotras en misionero, sintiendo cómo sus pezones duros rozan tu pecho. Le levantas las piernas hasta los hombros y se la metes más profundo, hasta que sus gemidos se vuelven un grito ahogado cuando el orgasmo la recorre entera. La polla te palpita dentro de ella, lista para explotar, y justo cuando vas a correrte...