Oferta de San Valentín: asiática mojada en casa con mi polla
Esa tarde en mi sala, con la luz tenue y la música de fondo, le dije a mi esposa que se arrodillara. Sabía que estaba mojada desde que entró, pero quería humillarla un poco más antes de follármela. Le ordené que se quitara el vestido y se quedara en ropa interior, luego le dije que se inclinara sobre el sofá, mostrando su culo redondo y ese coño apretado que tanto me gusta. Cuando le metí los dedos, gimió fuerte y me rogó que la penetrara, pero le dije que primero chupara mi polla hasta dejarla brillante. Ella obedeció, lamiendo y chupando como una puta obediente, hasta que no aguanté más y la empotré de una estocada, sintiendo cómo su coño se ajustaba a mi verga. Le di duro, golpeando sus nalgas con cada embestida, mientras ella gemía y me pedía más, más rápido, más fuerte. Le agarré el pelo y la obligué a mirarme mientras la follaba, diciéndole que era mi puta y que solo existía para mi placer. Cuando sentí que iba a correrme, la saqué y le ordené que se arrodillara otra vez, esta vez para tragarse mi leche. Ella abrió la boca sin protestar, y cuando le disparé el chorro caliente, tragó todo como una buena perra sumisa. Al terminar, mientras se limpiaba los labios, pensé que nunca me cansaría de dominarla así.