Mi madrastra me folla en la sala y no para de provocarme
Esa tarde en la sala, con la luz del atardecer entrando por la ventana, yo ya sabía lo que iba a pasar. Llevaba horas provocándome: fotos en ropa interior, rozándose contra mí al pasar, miradas que quemaban. Mi madrastra, BabyTits, no se conformaba con excitarme, quería que me volviera loco. Cuando por fin me montó a horcajadas, sentí su coño mojado deslizándose sobre mi polla dura, gimiendo sin control. Le encantaba el poder, mover sus caderas al ritmo que ella quería, apretando mi verga entre sus muslos mientras yo aguantaba las ganas de correrme. Cada vez que me acercaba, ella se detenía, sonriendo con esa maldita sonrisa de puta satisfecha. Hasta que no aguanté más y la empotré contra el sofá, metiéndole la polla hasta las pelotas mientras ella gritaba pidiendo más. En más de 10 minutos de escena, no paró de gemir, de decirme que era suyo, que podía hacer lo que quisiera con ella. Cuando al fin me corrí dentro de su culo, ella solo me miró y dijo: '¿Ves? Sabía que no podrías resistirte.'