La asiática tetona grita al recibir mi polla hasta el final
Anoche en su departamento, Li Wei Wei me sorprendió con lo que escondía bajo esa blusa ajustada: unas tetas grandes y firmes que rebotaban cada vez que me la empotraba desde atrás. Al principio no creí que aguantaría mi polla entera, pero cuando le di vuelta y la vi con el coño mojado, gimiendo sin parar, supe que quería llenarla hasta reventar. La primera vez que le clavé de una estocada, soltó un gemido agudo y sus uñas se enterraron en mi espalda, me encantó ver cómo su cara se torcía en una mezcla de dolor y placer. El sonido de mi culo chocando contra sus nalgas resonaba en la habitación, y cada embestida la hacía morder el colchón. Cuando la puse en cuatro patas, su conchita ya era un río de saliva y excitación, y no pude resistir la tentación de agarrarle las tetas mientras la empujaba más fuerte. Lo mejor fue cuando se corrió en mi polla, temblando como si fuera la primera vez, y entonces supe que había descubierto algo nuevo: le encantaba que le llenaran el coño hasta que el semen le goteaba. Sin aviso, la puse boca arriba, le abrí bien las piernas y me hundí en ella de golpe, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba cuando le llegaba hasta las pelotas. Sus gemidos se volvieron más altos, y cuando me corri dentro, tiró de mi pelo como si no quisiera que me detuviera. La escena duró más de 12 minutos, pero lo que quedó grabado fue el momento en que descubrió que podía aguantar todo lo que le diera, incluso cuando la penetré en misiónero y le tapé la boca para que no gritara a los vecinos. Al final, solo quedó su respiración entrecortada y el calor de mi leche dentro de ella, pero yo ya estaba listo para empezar de nuevo.