Ginger Devil y su boca de diosa me dejaron sin aliento en la cama
El gemido que escapó de sus labios cuando mi polla rozó su garganta por primera vez me electrizó entero. No me esperaba que una mujer así, con ese pelo rojizo y miradas de infierno, tuviera una técnica tan sucia para chupar verga. Al principio fue lento, sus uñas pintadas de rojo clavándose en mis muslos mientras la saliva le chorreaba por la barbilla, pero luego Don Mauro le susurró algo al oído y todo cambió. De repente, Ginger Devil me miró con esos ojos ardientes y tragó mi polla de una estocada, hasta que el aire se me cortó. Era como si supiera exactamente qué hacer: sus manos en mis huevos, su lengua presionando donde más pica, y ese sonido de garganta ahogada que me volvía loco. Cuando no pude aguantar más, la giré de golpe y le metí la polla en el coño mojado desde atrás, agarrándole el pelo para que gritara más fuerte. Cada embestida hacia ella, cada goteo de mi pre-cum en su espalda, cada gemido agónico que escapaba de sus labios me confirmaban que esta mujer era una puta de verdad, una que disfrutaba siendo usada. Y cuando me corrí, llenándole el culo con mi leche espesa hasta que se le escaparon gritos, fue Mauro quien se quedó mirándonos con la boca abierta, como si no pudiera creer lo rápido que la había convertido en mi puta personal.