Rae Hart te revela su obediencia en el dormitorio privado
Mi piel ardía con anticipación cuando me ordené a mí misma esperar sin tocarme todavía. Yo Rae Hart te voy a contar cómo me humillé obedeciendo órdenes que inventé para controlarme en mi propia cama. Primero me quité la ropa despacio pellizcando mis pezones maduros hasta que el dolor se mezcló con placer y un gemido suave llenó la habitación. Extendí las piernas abiertas sobre las sábanas pero mantuve los dedos lejos de mi coño que ya empezaba a gotear por la espera forzada. La frustración crecía y me obligué a suplicar en voz alta pidiendo permiso para empezar a frotar mi clítoris hinchado. Cuando al fin recibí esa orden imaginaria metí dos dedos de golpe sintiendo cómo mi interior apretaba alrededor de ellos con fuerza. El ritmo subió rápido mientras mi otra mano apretaba mi culo y yo me decía que no podía correrme hasta que contara hasta cincuenta. Cada movimiento circular hacía que mis caderas se levantaran solas buscando más profundidad y mis gemidos se volvieron más altos y desesperados. La sensación de darme órdenes a mí misma y tener que obedecerlas me puso aún más mojada que cualquier otra cosa. Al final no aguanté más y grité "Por favor déjame correrme ahora o me voy a volver loca de verdad".