Afeitando un coño peludo con espuma y cuchilla, toda mojada y temblando
El vapor del agua llena el baño, la pared de cerámica está empañada y el espejo no deja ver tu reflejo mientras agarras la cuchilla y miras ese coño peludo que se te pone duro solo de verlo. Sabes que esto está mal, que no deberías estar haciendo esto, pero no puedes parar, la espuma blanca se deslice sobre sus labios, y al pasar la hoja fría por primera vez, ella gime fuerte, su piel se eriza y sus muslos se aprietan instintivamente. Te inclinas más cerca, respirando su aroma, y sientes cómo la cuchilla limpia cada pelo, dejando al descubierto ese coño rosado y perfecto que ahora brilla bajo el agua. Sus dedos se clavan en el azulejo, sus uñas arañan mientras la depilas con cuidado, pero también con la tensión de saber que esto no debería excitarte tanto. Cuando terminas, pasas los dedos por su carne recién afeitada, sintiendo lo suave que queda, y su coño se contrae bajo tu tacto, mojándose más con cada caricia. Ella no puede evitar empujar su cadera hacia tu mano, pidiendo más, aunque sabe que esto va en contra de lo que debería permitir. Te arrodillas entre sus piernas, sintiendo el calor de su piel, y tu lengua recorre esa piel suave, sabiendo que esto es un pecado delicioso. Ella se muerde el labio, sus ojos vidriosos, y susurra tu nombre entre gemidos, porque aunque sabe que esto no está bien, no quiere que pares. Su mente está llena de culpa, pero su cuerpo solo quiere más de lo que le haces, y cuando sientes cómo sus muslos tiemblan y su coño pulsa contra tu lengua, sabes que ya no hay vuelta atrás, que va a correrse así, tan mal, pero tan bien.