Pam llega a casa para cobrar su deuda de placer con David Mouss
“¿Vas a dejarme así después de lo que me hiciste anoche?”, le espeté mientras empujaba a David contra la pared. Mi coño aún ardía de la forma en que ese cabrón me había follado anoche, pero esta vez las reglas las ponía yo. Lo agarré por la polla, dura como una roca, y me aseguré de que sintiera cada gota de mi saliva chorreando por su verga. David gimió cuando le di la primera estocada, metiéndola hasta que sus pelotas golpearon mi culo. No iba a perdonarlo por haberme dejado mojada y vacía, así que lo monté con saña, haciendo que cada movimiento le recordara quien mandaba ahora. Me corrí en su cara, bañándolo en mi leche blanca mientras él seguía temblando bajo mi peso. Cuando por fin se recuperó, lo obligué a chuparme el coño hasta dejarme bien satisfecha. Mientras me limpiaba con sus labios, pensé que al menos esta vez el muy hijueputa no se iría sin pagar lo que me debía.