La apuesta de Stef: ¿Podré hacerla gemir hasta correrme en su garganta?
Me encanta cuando Stef se pone desafiante, como si mi polla no pudiera con ella. Esta vez apostó que no aguantaría chuparla entera de golpe, con esa boca de labios carnosos que siempre me vuelve loco. La empujé contra la cama, le abrí las piernas y le metí la cara entre los muslos para mojarle el coño con mi saliva antes de empezar. Quería que supiera quién mandaba, así que la obligué a arrodillarse y le clavé la polla hasta las pelotas mientras le agarraba el pelo. Stef gimió fuerte, pero no se rindió, así que le escupí en la garganta y le ordené que tragara. Cada vez que intentaba respirar, le empujaba la cabeza más abajo, hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas. La muy puta siguió chupando como si nada, retándome a correrme antes de que ella se cansara. Cuando sentí que me venía, le agarré la cara y le vacié toda la leche en la lengua, viendo cómo se le escapaba por las comisuras. Stef se limpió los labios con el dorso de la mano y me miró con esa sonrisa de 'te gané', pero yo ya sabía que la próxima vez la haría rogar.