Alira Dark pierde el control en sesión de fotos al aire libre
"¿Te gusta lo que ves, Javier?" le susurró Alira Dark mientras se ajustaba el top para que sus tetas rebosaran por encima del escote. El fotógrafo, Javier Mula, tragó saliva al ver cómo la madura curvilínea se contoneaba frente a la cámara, rozando su polla dura con el culo cada vez que se giraba. Llevaba semanas mandándole fotos provocativas, rozando el límite, hasta que ese día en el parque, con el sol acariciando su piel sudorosa, Javier ya no aguantó más. La empujó contra un árbol, le arrancó el tanga de un tirón y le metió la lengua hasta la garganta mientras sus manos exploraban cada curva de su cuerpo. Alira gimió cuando sintió cómo la polla de Javier se clavaba entre sus nalgas, mojándose al instante. "Fóllame aquí mismo, cabrón" le ordenó, y él no lo pensó dos veces: la levantó en peso, la empotró contra el tronco y la penetró de una estocada, hundiéndose hasta que las caderas chocaron. Cada embestida hacía temblar sus tetas, y los gemidos de Alira resonaban en el aire mientras Javier la sujetaba por el pelo, marcando el ritmo. Cuando ya no pudo más, la giró, la arrodilló y le llenó la cara de leche, manchando sus labios y el escote. Al terminar, solo quedó el tanga roto en el suelo, como prueba de lo que había pasado.