La farmacéutica de tetas grandes le roba el semen al marido
Esa tarde en la farmacia, mientras él compraba condones, yo ya sabía que iba a ser mío. Me puse el uniforme más ajustado, ese que marca mis tetas grandes y mi culo respingón, y cuando llegó a mi mostrador, le sonreí con toda la intención. Sabía que su esposa no le daba lo que yo podía ofrecerle, así que me acerqué y le susurré al oído que tenía algo especial para él. En la cama, con Nice Viki empotrada contra la pared, le clavé las uñas en la espalda mientras su polla entraba y salía de mi coño mojado. Gemía como una perra en celo, sintiendo cómo cada embestida me acercaba más al orgasmo. Él me agarraba las tetas con fuerza, apretando mis pezones duros mientras yo le decía que era mejor que su esposa. Cuando se corrió, lo hice tragar su leche caliente, pero no sin antes asegurarme de que supiera que esto era solo el principio. Al final, su semen quedó manchando mi uniforme blanco, una prueba de que ahora yo era la dueña de su placer.