Puta con coño redondo se corre en la cama
Desde que la vio por primera vez en el ascensor con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva, no pudo sacársela de la cabeza. La invitó a su departamento con la excusa de un trago, pero lo único que quería era hundirse en ese coño redondo que sabía que le iba a apretar la verga como a nadie. Ella llegó con los pezones duros y el aliento caliente, oliendo a perfume barato y a ganas. Sin perder tiempo, él la empujó contra la pared y le arrancó el tanga de un tirón, dejando al descubierto unos labios brillantes y bien abiertos. Con un gruñido, le metió la polla hasta el fondo de una sola estocada, haciendo que ella soltara un gemido agudo que le erizó la piel. La agarró por las caderas y la empotró contra la pared, embistiéndola con fuerza mientras sus tetas botaban al ritmo de cada empujón. La cama crujía bajo sus cuerpos sudados, el olor a sexo y lubricante llenaba el cuarto y sus gemidos se mezclaban con los sonidos húmedos de cada follada profunda. Ella le clavaba las uñas en la espalda mientras él le lamía el cuello, mordisqueándole la oreja antes de darle la vuelta y tumbarla boca abajo sobre el colchón. Con las piernas abiertas y el culo en pompa, le clavó la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su miembro como un tornillo apretando. Cada embestida era más brutal que la anterior, el sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación mientras ella gritaba cada vez más fuerte, su voz ronca de placer y dolor dulce. Él no se contuvo y le soltó toda su leche caliente dentro, llenándola hasta el fondo mientras ella se corría gritando su nombre, empapando las sábanas con su corrida espesa. Cuando terminaron, ambos quedaron tirados en la cama, jadeando, con el cuerpo tembloroso y la piel pegajosa de sudor y semen.