SashaCosplay en traje de enfermera follada por el culo
Sasha entra a la sala con ese uniforme de enfermera que le marca cada curva como si fuera a operarla de verdad... y no solo porque lleva el delantal ceñido y la falda corta que le sube al mínimo movimiento. Él no puede evitar mirarle el escote mientras ella se ajusta los guantes de látex, pasando la lengua por los labios con esa sonrisa pícara que le dice que sabe perfectamente lo que trae entre manos. En cuanto la tiene cerca, le agarra de la cintura y la atrae contra su pecho, sintiendo cómo sus tetas firmes se aplastan contra el algodón del uniforme mientras le susurra al oído que quiere sentirla bien apretada. Ella jadea cuando él le baja la cremallera del vestido con los dientes, dejando al descubierto unos pezones duros y rosados que piden a gritos ser lamidos, pero no antes de que le arranque las bragas de encaje y le apriete el culo con las dos manos, separándole las nalgas para escupirle en el ano y humedecérselo bien antes de empujarle la polla hasta el fondo con un gruñido animal. Sasha gime como una puta en celo, clavando las uñas en sus hombros mientras él la embiste sin piedad, haciendo que el sonido de sus cuerpos chocando resuene en la habitación como un tambor de guerra. Cada envestida le hace temblar las piernas, cada azote en el culo le deja la piel roja y ardiente, y cuando por fin él le agarra de las caderas para clavársela hasta las pelotas, siente cómo su verga le abre el agujero de arriba abajo sin piedad mientras ella aprieta los dientes y suelta un chorro de babas por el borde de los labios, totalmente ida de placer. El calor de su aliento le quemaba la oreja mientras él le susurra que se va a correr dentro, que quiere llenarle el culo de leche espesa y caliente hasta que le rebose por las piernas, y justo cuando ella está a punto de venirse, él acelera el ritmo, golpeándole el coxis con cada envite hasta que Sasha grita como una loca, con los ojos en blanco y la espalda arqueada en un espasmo de puro éxtasis, mientras su culo se contrae alrededor de su polla como si quisiera tragársela entera. El líquido blanco brota a chorros, manchándole las medias y el delantal, pero a ella le da igual, solo quiere seguir sintiendo cómo él se corre dentro, sintiendo cómo su leche le resbala por el interior de las nalgas mientras los dos caen jadeando sobre la cama, sudorosos y satisfechos, con el olor a sexo y látex flotando en el aire como una nube de placer.