Puta de mi amigo se masturbaba y la ayudé a correrse
El muy cabrón se había ido al baño dejándola sola con su frustración, así que cuando la vi frotándose el coño con los dedos medio escondida entre los cojines del sofá, no pude resistirme. Se le escapó un gemido cuando le agarré la muñeca y le aparté la mano de su rajita empapada, la tenía tan caliente que hasta olía a sexo crudo. Le metí dos dedos sin avisar, sintiendo cómo su carne jugosa se abría para mí como un coño recién estrenado, y ella soltó un quejido que me puso la polla dura como un palo. No tardé en bajarle los leggings hasta los tobillos y le lamí esos labios hinchados y brillantes, saboreando su excitación mientras ella se agarraba al respaldo del sofá con las uñas clavadas. Cuando le metí la lengua bien adentro, empezó a gritar mi nombre como si llevara años esperando ese momento, y su coño se contrajo alrededor de mi boca con cada lametón. Pero no me conformé con chupársela, la giré contra el sofá y le empotré la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo tembloroso se sacudía con cada embestida. Ella se corrió gritando, con las piernas temblorosas y el coño soltando chorros que resbalaban por mis pelotas, y justo entonces entró su novio hecho una furia, pero ya era demasiado tarde: ya nos había pillado con las manos en la masa, sudados, jadeantes y con el olor a leche y coño flotando en el aire. La escena se quedó grabada en su memoria para siempre, porque su novia no solo se había corrido dos veces en mis brazos, sino que ahora sabía que su putita preferida solo necesitaba un poco de ayuda para explotar en placer.