Vampiro con polla enorme la empotra en la calle
La calle estaba desierta cuando él apareció entre las sombras con esos colmillos brillantes y esa mirada de depredador que le erizó el vello de la nuca a ella al instante. Olivia, con sus tetas enormes rebotando bajo la blusa ajustada, no pudo resistirse cuando el vampiro la agarró por el pelo y le gruñó al oído que solo tenía una opción: dejar que le metiera esa verga gruesa y palpitante hasta el fondo. Ella, con el coño ya mojadísimo de solo imaginarlo, se dejó caer de rodillas en el asfalto sucio y empezó a chupársela con desesperación, notando cómo la punta gruesa le rozaba la campanilla mientras sus gemidos ahogados se mezclaban con los de él. Cuando por fin se levantó, el vampiro la volteó contra la pared mugrienta del callejón, le arrancó el tanga de un tirón y la empaló con fuerza desde atrás, haciendo que sus tetas botaran como gelatina al ritmo de sus embestidas brutales que le dejaban la piel enrojecida. Cada vez que la polla monstruosa entraba hasta el fondo, ella gritaba con voz rota, sintiendo cómo el líquido caliente le resbalaba por los muslos mientras el vampiro le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído. Los dos jadeaban como animales, sudorosos y pegajosos, con el olor a sexo y sangre mezclándose en el aire mientras él le clavaba los dedos en las caderas y la embestía sin piedad hasta que ella se corrió con un espasmo violento que la dejó temblando contra el muro. La corrida fue tan intensa que el vampiro no pudo aguantarse más, sacándosela de golpe para dispararle un chorro espeso y caliente sobre las tetas, cubriéndola de semen mientras ella jadeaba y se lamía los labios, exhausta pero con ganas de más. El vampiro, lejos de saciarse, la levantó en vilo y la llevó hasta un callejón aún más oscuro donde siguió follándosela contra un contenedor oxidado, esta vez con ella encima cabalgándolo como una posesa, apretando su coño empapado alrededor de esa verga que parecía no tener fin.