Nami cachonda se deja empotrar en 4K brutal
Nami llegó tarde al estudio y se encontró con el cámara solo, pero no le importó ni un pelo porque llevaba semanas con la tanga más mojada cada vez que lo veía ajustarse el cinturón tras el rodaje. Él no perdió el tiempo, le arrancó el vestido de un tirón y le clavó la boca en el cuello mientras le apretujaba los pechos por encima del sujetador de encaje que ya le estaba ahogando los pezones. Ella gimoteó al sentir su polla dura contra el muslo, pero antes de que pudiera quejarse, él la empujó contra la pared y le bajó el tanga hasta los tobillos sin miramientos. El coño le brillaba como nunca, resbaladizo y listo para que se lo metiera hasta el fondo sin piedad. Nami arqueó la espalda y le suplicó que no se detuviera, mientras él le agarraba el culo con las dos manos y empezaba a embestirla con golpes profundos que le hacían chocar las tetas contra el yeso de la pared. El sonido de sus cuerpos chocando era brutal, mezclado con los gemidos de ella que se le escapaban entre los dientes apretados. Él le rodeó el cuello con una mano y le obligó a mirarlo a los ojos mientras le llenaba el coño con cada embestida, sintiendo cómo se le contraía alrededor de su verga cada vez que empujaba hasta el fondo. Nami no pudo aguantar más, el orgasmo le recorrió la espalda como un rayo y le hizo soltar un aullido que resonó por todo el plató, mientras él le clavaba las uñas en las caderas y se corría dentro de ella con un gruñido ronco, dejando su coño bien lleno y goteando. Cuando por fin se separaron, ella se quedó temblando contra la pared, con las piernas temblorosas y el maquillaje corrido por el sudor y las babas, mientras él se limpiaba la polla con un trapo sin dejar de mirarla con una sonrisa de satisfacción. Nami se lamió los labios y susurró que lo quería volver a hacer, pero esta vez en el suelo, porque el coño le pedía más a gritos.