Abuelo cachondo se pajea hasta reventar el 6 de mayo de 2025
El viejo James llevaba semanas con la polla más dura que el cemento, imaginando cómo se correría hasta dejar el suelo perdido. Un día, encerrado en su cuarto con la luz tenue, se bajó los calzoncillos y dejó al descubierto su verga peluda, gruesa y venosa, con la piel arrugada pero el glande hinchado de sangre. Se agarró la tranca con fuerza, sintiendo cómo el prepucio se deslizaba hacia atrás mientras sus bolas pesadas golpeaban contra sus muslos. Gemía como un animal en celo, jadeando cada vez más fuerte mientras sus dedos resbalaban por el líquido pre seminal que ya brotaba. La piel de su polla ardía, y cada embestida de su puño lo acercaba más al orgasmo. De pronto, un espasmo violento lo sacudió, y un chorro espeso de leche caliente salió disparado, manchando las sábanas y su pecho velludo. Se quedó jadeando, con la respiración entrecortada, mirando cómo su semilla goteaba por su vientre. El viejo se limpió con un trapo, pero la mancha en su ropa interior seguía allí, prueba de lo bien que se había vaciado.