Chica tímida prueba su primer chupete en polla dura
La pobre no sabía ni cómo agarrarla cuando él le dio su grueso miembro entre las manos temblorosas, pero el morbo le quemaba las mejillas al sentirla latir contra su palma. Con los labios entreabiertos y la mirada llena de vergüenza, le lamió la punta como si fuera un helado derretido, probando su sabor salado que le erizó la piel. Él gruñó y le enredó los dedos en su melena castaña mientras ella se atrevía a meterla entre los dientes, mordisqueando suave antes de arriesgarse a más. La polla palpitaba cada vez que su lengua jugaba con el prepucio, y ella jadeó al notar cómo se le endurecía aún más bajo su contacto inexperto. Él le agarró la nuca con fuerza y le empujó más adentro, haciéndola toser cuando la cabeza le rozó la garganta, pero no se detuvo, solo tragó saliva y siguió chupando con más ganas. Los gemidos masculinos retumbaban en el cuarto mientras sus labios resbaladizos se deslizaban arriba y abajo, dejando rastros de babas que brillaban en la piel. Ella se sonrojó al sentir cómo se le mojaba el coño solo de imaginarse empalada con ese tronco grueso, y sus pezones duros se marcaban bajo la camiseta. Él no pudo aguantar más y le disparó una carga espesa en la boca, ordenándole que no escupiera ni una gota mientras se corría con los ojos cerrados. La chica tragó con dificultad, saboreando el semen amargo que le llenaba la boca, y se limpió los labios con el dorso de la mano mientras él la miraba con lujuria. El cuarto olía a sexo y sudor, y ella supo que esta noche no olvidaría el sabor de su primera polla dura ni la vergüenza que la había convertido en una puta deseosa de más.