Chat caliente me dejó masturbándome toda la noche
La tipa del otro lado de la pantalla no paraba de mandarme fotos con el culo bien prieto y los labios abiertos, así que me quedé mirando esa polla que se le marcaba en las mallas mientras me agarraba la verga con los dedos llenos de lubricante. Cada mensaje suyo era más sucio que el anterior, hablándome de lo que quería hacerme con esa boca tan húmeda que tiene, cómo me iba a chupar hasta dejarme seco mientras se masturbaba con los dedos metidos hasta el fondo. No pude resistirme y me dejé caer en el sofá con los pantalones bajados, la polla dura como una piedra y el coño palpitando de ganas de que me la metieran por atrás. Ella, al ver mi reacción, se puso a describirme cómo se iba a sentar sobre mi verga hasta que no pudiera más, frotando ese coño ya empapado contra mi glande mientras gemía como una puta desesperada. Entre mensaje y mensaje, me masturbaba con fuerza, imaginando que eran sus tetas las que me apretaban la polla mientras me la metía hasta la garganta, ahogándome con cada embestida hasta que me corría en la cara. Los sonidos que salían de mi teléfono eran tan obscenos que hasta el vecino habría escuchado, pero a mí solo me importaba que ella supiera lo duro que me tenía, cómo el líquido preseminal me resbalaba por los huevos mientras me masturbaba sin piedad. La muy zorra me dijo que quería verme correrme en mis propias manos, que quería que le describiera con detalle cómo se me ponía la polla morada y temblorosa antes de explotar, así que no tuve más remedio que obedecer. Cuando por fin me corrí, fue tan intenso que casi me ahogo con mi propio semen, dejando hilos gruesos sobre mi estómago mientras ella se reía al otro lado, pidiéndome que le mandara una foto para guardarla como recuerdo. No pude evitar sonreír como un idiota, sabiendo que esa noche me había quedado sin aliento y con la polla más adolorida que nunca, pero valió cada segundo de placer prohibido.