Amazonia se deja empotrar por un negro bien dotado
Amazonia no podía creer lo que veía cuando ese negro enorme entró al bar con su polla bien dura marcándose bajo los pantalones. Desde el primer momento, sus ojos se clavaron en ella, y esa mirada de deseo la hizo mojarse al instante. El tipo se acercó con paso seguro, su cuerpo musculoso y su piel oscura brillando bajo las luces tenues, y sin decir una palabra la tomó de la mano y la llevó al baño. Allí, la empotró contra la pared, levantándole el vestido y arrancándole el tanga con los dientes. Su coño estaba chorreando, y él no perdió tiempo en meterle esa verga gruesa hasta el fondo, haciendo que gimiera como una puta en celo. Cada embestida era más profunda, más salvaje, y ella no podía dejar de gritar mientras él le apretaba las nalgas y la follaba sin piedad. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en el pequeño espacio, y cuando él le agarró el pelo y le dio una nalgada, ella supo que estaba a punto de correrse. Con un gruñido, él le llenó el coño de leche caliente, y ella se derritió contra él, jadeando y temblando de placer. Nunca había sentido algo tan intenso, y sabía que esa polla negra la había marcado para siempre.