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La esposa del amigo se deja empotrar con furia salvaje

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Estúdio Prayamu1

La vecina de toda la vida llegó con un vestido ajustado que no dejaba nada a la imaginación, los pezones marcados bajo la tela fina y las piernas bien abiertas al sentarse frente a él en el sofá. Él no pudo evitar que la polla se le pusiera dura al ver cómo se humedecía el coño al rozar los muslos entre sí, el líquido resbaladizo ya empapando el interior de sus bragas de encaje. Sin mediar palabra, le agarró la nuca con fuerza y le hundió la lengua hasta el fondo de la garganta, mientras que con la otra mano le apretaba el culo redondo y prieto, apretando los dedos contra la carne que temblaba bajo su tacto. Ella gimió contra su boca, sintiendo cómo le recorría un escalofrío desde la nuca hasta el coño, que ya chorreaba sin control. Sin perder tiempo, la empujó contra la pared del pasillo, le arrancó el tanga de un tirón y le metió los dedos bien adentro, sintiendo lo empapada que estaba por la excitación que llevaba horas acumulando. La polla le dolía de lo dura que la tenía y no podía esperar más, así que la levantó por el culo, le abrió las piernas y se la clavó de una sola embestida hasta el fondo, haciendo que ella soltara un aullido de placer mezclado con dolor. Las embestidas eran brutales, el sonido de los cuerpos chocando resonaba en el piso vacío, mientras que los gemidos de ella se volvían cada vez más agudos y entrecortados. Él la empotraba contra la pared una y otra vez, sintiendo cómo el coño se le cerraba como un tornillo alrededor de su verga, a punto de hacerle perder el control. Los muslos le temblaban, el sudor le corría por la espalda y los pechos le botaban al ritmo de cada embestida, hasta que por fin sintió cómo se le contraía el vientre y el coño se le inundaba de leche caliente, mientras él le pegaba el último empujón antes de correrse dentro con un gruñido gutural. Ella se quedó ahí, jadeante, con las piernas temblorosas y el coño lleno de semen, sabiendo que esa follada salvaje se le iba a quedar grabada en la memoria para siempre.

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