Abuelo cachondo se pajea hasta correrse como un loco
El viejo James llevaba días sin meterse mano, pero hoy no aguantó más. Se sentó en su sillón favorito, con la polla ya dura como una piedra, y empezó a masturbarse con fuerza, sintiendo cómo la piel arrugada de sus pelotas se tensaba con cada embestida. La punta de su verga, roja y brillante, asomaba entre sus dedos callosos, goteando líquido pre seminal que le resbalaba por el tronco. El viejo gruñía entre dientes, apretando los muslos mientras se agarraba la polla con ambas manos, moviendo el puño arriba y abajo sin piedad. El sonido húmedo de su carne golpeando contra su palma llenaba la habitación, y el viejo jadeaba cada vez más fuerte, sintiendo cómo el calor le subía por el cuerpo. De repente, un espasmo violento le recorrió la espalda, y el viejo gritó al sentir cómo su leche espesa y blanca salía disparada, manchando su camisa y el suelo. Se quedó jadeando, con la polla aún palpitante, mientras el semen se le secaba en el vientre. El viejo sonrió, satisfecho, sabiendo que mañana volvería a repetir.