Polla enorme se corre a chorros en su mano
El tipo no aguantó ni dos minutos cuando la vio arrodillada frente a él con la boca bien abierta, los labios brillosos y la lengua moviéndose en círculos sobre la cabeza morada de su verga. Ella le agarró el culo duro con las dos manos y se lo metió hasta la garganta sin pestañear, chupando con ganas mientras él gemía como un animal y le agarraba los pelos para metérsela más hondo. El cabrón no podía creer la que le estaba montando esa zorra, con esos gemidos húmedos que le salían del fondo de la garganta cada vez que la polla le rozaba el velo del paladar. Le apretó los huevos con fuerza mientras le escupía en el tronco para lubricar mejor y así empotrarle la boca sin piedad, sintiendo cómo se le endurecía más si cabe. Ella no se quejó ni un segundo, al contrario, se le notaba que le encantaba el sabor a sudor y a leche que le goteaba por la comisura de los labios cada vez que él le embestía hasta el fondo. El muy cerdo no tardó ni un suspiro en avisarle que se corría, así que se sacó la verga de la boca con un chasquido húmedo y se la meneó rápido frente a la cara de ella, que se relamió esperando el chorro caliente que le iba a caer encima. El primero le pegó en la nariz y en los labios, el segundo le resbaló por la mejilla y el tercero le empapó el pelo mientras él seguía masturbándose con furia, gruñendo como un toro y escupiendo leche espesa hasta dejarla completamente blanca. Ella se limpió la cara con los dedos y se los llevó a la boca para chuparse hasta la última gota, mirándolo con una sonrisa de puta satisfecha mientras él se desplomaba en el sofá jadeando y con la polla todavía palpitando.