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Cada vez que viene me la empotra sin piedad

5:15 SD 4 Sin Categoría
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Estúdio Fansalez

Desde que la conoció en el trabajo, cada vez que pasa por su casa no puede evitar que el pantalón se le marque al verla con ese short ajustado que le deja poco a la imaginación. Ella, que siempre lleva el coño empapado desde que lo ve entrar por la puerta, ni siquiera se molesta en cerrar la persiana cuando se quita la blusa mostrando unos pechos redondos y duros que piden a gritos que alguien los amase. Él no pierde tiempo: la agarra del pelo mojado por el sudor de la calle, le mete la polla hasta la garganta y la obliga a tragar hasta que le lloran los ojos, mientras con la otra mano le aprieta el culo prieto hasta dejarle los dedos marcados. Ella gime con la boca llena, le escupe un hilo de saliva que se le pega al mentón, y le susurra que la folle como a una puta barata, que no aguanta más sin sentir su verga rompiéndole el coño por dentro. Él la levanta en vilo, la apoya contra la pared de la sala y, sin avisar, la empala de una sola embestida que le hace gritar como si la estuvieran degollando, con las uñas rascándole la espalda mientras el semen le resbala por los muslos. Ella se corre con tal fuerza que hasta le dobla los dedos de los pies, chorreando jugos que le encharcan el sofá donde él la vuelve a tumbar para metérsela otra vez, esta vez más lento, disfrutando cómo su coño se contrae cada vez que le clava el glande hasta el fondo. Él le pide que se ponga a cuatro patas, le agarra las caderas con fuerza y empieza a martillearle el culo sin piedad, haciendo que los senos le reboten como gelatina mientras ella aúlla de placer mezclado con dolor, pidiendo más, más, más, hasta que por fin él se corre dentro con un gruñido animal, llenándole el útero de leche caliente que le escurre por las piernas dejando un charco en el suelo. Los dos quedan jadeando, sudorosos, con el olor a sexo flotando en el aire y las sábanas hechas un desastre, sabiendo que esto no será la última vez que repitan el mismo juego sucio y adictivo.

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