Profesora transa con alumnos en aula vacía
No había nadie en el aula cuando ella entró con sus tacones de aguja y esa falda ajustada que le marcaba el culo prieto, pero la mirada que le lanzó al primero de la fila fue más que suficiente para que todos supieran lo que quería. El más atrevido se acercó sin pensarlo dos veces, le agarró la polla dura que ya le abultaba los pantalones y se la chupó con saliva espesa mientras ella le acariciaba el pelo entre gemidos bajos y jadeos que salían de su coño empapado. Otro alumno no pudo resistirse y se arrodilló a su lado para lamerle los pezones duros como piedras mientras sus dedos se hundían en el coño mojado hasta el fondo. La profesora, con las piernas temblorosas, se dejó caer sobre la mesa de madera y abrió las piernas de par en par, mostrando su concha brillante y palpitante que pedía a gritos que la llenaran. Tres pollas duras se apiñaron frente a su entrada, una tras otra le embistieron el coño sin piedad mientras ella gritaba con voz ronca, pidiendo más grueso y más profundo. Las embestidas eran brutales, el sonido de carne chocando contra carne resonaba en el aula vacía, mezclado con los gemidos ahogados de la profesora y los gruñidos de los chicos que se corrieron uno tras otro en su interior caliente. La mesa crujía bajo su peso, los libros volaban al suelo y el sudor le resbalaba por la espalda mientras el último alumno le empotraba el culo con fuerza, haciendo que gritara de placer sin importarle quién pudiera escucharla. Cuando por fin se vaciaron dentro de ella, la profesora quedó tirada sobre la mesa, con las piernas aún temblorosas y el coño goteando leche espesa, mientras los chicos se vestían con sonrisas de satisfacción y ella se limpiaba el maquillaje corrido con las manos temblorosas.