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La empleada doméstica se deja empotrar bien duro

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Estúdio Nwfhjbdowrgv

Él llevaba meses fingiendo que no la veía pasar con ese uniforme ajustado que le marcaba el culo prieto cada vez que se agachaba a recoger algo del suelo. Hoy no pudo resistirse más y la agarró de la cintura mientras ella limpiaba la mesa del comedor, sintiendo cómo su polla se le ponía dura al instante. La chica soltó un gemido ahogado cuando él le arrancó el delantal y le metió los dedos por el coño empapado, gruñendo al sentir lo mojada que estaba. Sin mediar palabra, la empujó contra la pared y le bajó la falda hasta los tobillos, dejando al descubierto ese culo redondo que llevaba semanas imaginando entre sus manos. Ella se apoyó en el mueble con las piernas temblorosas mientras él se colocaba detrás, frotando la cabeza de su verga contra su entrada antes de empalarla de un solo envite que la hizo gritar como puta en celo. Las embestidas eran brutales, cada golpe de cadera le sacudía el coño hasta hacerle perder el aliento, sus tetas rebotando contra el mueble con cada movimiento. Él le agarraba las caderas con fuerza, hundiendo su polla hasta la empuñadura mientras ella chillaba de placer, pidiendo más aunque ya no pudiera hablar. El sudor les resbalaba por la piel, mezclándose con el olor a sexo que inundaba la habitación, mientras sus cuerpos chocaban sin piedad. Cuando sintió que el orgasmo le subía por la espalda, ella apretó el coño alrededor de su verga como si quisiera tragársela entera, arrastrándolo hacia una corrida intensa que los dejó a los dos jadeando y temblorosos contra la pared. Él se corrió dentro de ella con un gruñido ronco, llenándola de leche caliente mientras le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído. Cuando por fin se separaron, ella tenía las piernas manchadas de sus jugos y él aún le palpitaba la polla contra el muslo, ansiosa por repetir.

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