Miss Helen gritando mientras la empotran en silencio
Agarrando la polla de Skinnyguy con ambas manos, siento cómo se hunde en mi coño mojado hasta que las caderas chocan, pero debo ahogar mis gemidos porque los vecinos podrían escuchar. La tensión de no ser descubiertos me pone más caliente, así que muerdo el edredón mientras él me azota el culo redondo y aceiteado, marcando cada palmada con un ruido húmedo. En más de 10 minutos, me monta en todas las posiciones, desde perrita hasta cabalgándolo yo, pero siempre atenta al sonido de la puerta de entrada. Sus gruñidos son tan fuertes que tengo que cubrirle la boca con mi mano, sintiendo cómo se corre dentro de mí, caliente y profundo, mientras yo me froto contra él para terminar. Cuando por fin nos calmamos, oímos pasos en el pasillo y nos quedamos paralizados, con el corazón desbocado, preguntándonos si alguien nos vio.