Lens se deja empotrar en perrito hasta reventar
—No aguanto más, Lens, dame esa polla ya— susurró ella mientras se agachaba, mostrando el culo redondo y mojado de excitación. Él no pudo resistir el espectáculo: las nalgas perfectas, el coño rosado y húmedo, los gemidos que escapaban de su boca. La escena empezó con un roce lento, pero pronto se convirtió en un frenesí. Lens la agarró de las caderas y la penetró de golpe, sintiendo cómo su verga entraba hasta las pelotas. Ella gritó, arqueando la espalda, mientras él la embestía con fuerza, cada empujón más profundo que el anterior. El sonido de la carne chocando resonaba en la habitación, mezclado con los jadeos desesperados de ella. Lens no paraba, le encantaba ver cómo su polla desaparecía entre las nalgas de su pareja, cómo el coño se ajustaba a su grosor. Ella se mordía el labio, gimiendo sin control, hasta que él aceleró el ritmo, follándola como un animal. El sudor les caía por la piel, los cuerpos ardían, y el placer era tan intenso que Lens no pudo aguantar más. Se corrió dentro de ella, llenándola hasta rebosar, mientras ella se estremecía con un orgasmo brutal. Cuando terminó, él se dejó caer sobre la cama, exhausto, pero con una sonrisa de satisfacción. Ella, aún temblando, lo miró con ojos vidriosos, sabiendo que esa noche no sería la última.