Salamandro y su mujer cachando como locos en el hotel
Salamandro no podía esperar ni un segundo más para meterle la polla a su mujer en el hotel, con el riesgo de que alguien los pillara en cualquier momento. Imagínate que estás ahí, escuchando los gemidos ahogados de ella mientras él le empotraba el coño contra la pared, con las manos tapándole la boca para que no gritara demasiado. El sudor les corría por la piel, mezclándose con el olor a sexo caliente que llenaba la habitación. Cada embestida era más profunda, hasta que las caderas chocaban con fuerza, y ella mordía su labio para no delatarlos. Salamandro le susurraba al oído lo puta que era, lo bien que le chupaba la verga, y cómo le encantaba que su coño estuviera siempre tan mojado para él. Ella le respondía con un gemido ahogado, pidiéndole que no se detuviera, que la follara más fuerte, que no le importaba si los descubrían. El miedo a ser sorprendidos solo los excitaba más, y cuando él le agarró el culo con fuerza y le dio una última estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero, ella se corrió en silencio, temblando entre sus brazos. "¿Te gustó, perra?", le preguntó él, sonriendo mientras su polla aún palpitaba dentro de ella.