La morra se traga toda la polla sin dejar ni gota
La gorda de tetas enormes llegó hasta el jardín trasero con ese vestido ajustado que no dejaba nada a la imaginación, moviendo ese culo prieto con cada paso mientras él se bajaba los pantalones frente a la cerca del vecino. Él ya traía la verga dura como un fierro desde que la vio lamerse los labios al pasar, pero cuando se agachó para limpiar unas hojas del suelo ella le agarró el tronco con las dos manos y se lo metió hasta la garganta sin pestañear. Los morritos de ella se estiraron al máximo mientras le chupaba las bolas con la punta de la lengua, haciéndolo gruñir de placer y empujarle la cabeza contra su entrepierna sin piedad. Entre gemidos ahogados ella le susurraba que quería que la empotrase contra el árbol más próximo, que le llenara el coño de lefa hasta dejarla deshecha, así que él la levantó de las caderas con facilidad y la clavó contra la corteza mientras le arrancaba el tanga de un tirón. La carne de sus muslos temblaba con cada embestida profunda que le llegaba hasta el útero, mojando el tronco de su verga hasta hacerla resbaladiza de tanto jugo. Él le mordisqueaba los pezones duros como piedras mientras le gritaba obscenidades al oído, ordenándole que se corriera sobre su polla antes de soltarle la leche bien adentro. Ella obedeció sin dudar, apretando los músculos internos hasta que el primer chorro de leche le quemó las paredes del coño, y él no resistió más: con un gruñido animal le enterró la verga hasta el fondo y se dejó ir, disparando chorros espesos que le dejaron las bolas vacías y el coño tan lleno que parte de la leche se le escurría por las piernas al caminar. Cuando por fin se separaron, ella se limpió los restos de babas de la barbilla con el dorso de la mano mientras él se ajustaba los pantalones, jadeando como si acabara de correr un maratón. Pero antes de que pudiera escapar, ella lo agarró del cinturón y le susurró que no había terminado, que ahora era su turno de probar lo que quedaba en sus bolas. Él supo entonces que esta no sería la última vez que se vieran entre los arbustos del barrio.