Ella dice que no me extraña nada y se moja al follar
Llevaba días fingiendo indiferencia cada vez que la veía pasar con ese cuerpo de infarto envuelto en prendas ajustadas, pero hoy sus ojos brillaban más de lo normal y su coño ya estaba empapado antes de que él la tocara. Él no se lo pensó dos veces y la empujó contra la pared del pasillo, arrancándole un gemido ahogado cuando sus manos le recorrieron el vientre plano hasta agarrarle las tetas por encima de la tela del vestido. Ella jadeó fuerte mientras él le bajaba la ropa interior de un tirón, dejando al descubierto unos labios rosados y resbaladizos que suplicaban ser lamidos. Con un gruñido, él le metió dos dedos en el coño empapado, haciendo que sus caderas se sacudieran contra su mano mientras él se desabrochaba el pantalón para dejar libre esa polla gruesa que tanto le gustaba sentir dentro. Cuando por fin la penetró en misionero, sus uñas se clavaron en su espalda al ritmo de las embestidas profundas que le arrancaban gritos de placer, con su coño tragándose cada centímetro de esa verga dura que la dejaba sin aliento. Ella no pudo aguantar más y se corrió en segundos, empapándole la polla de jugos mientras sus muslos temblaban alrededor de su cintura. Pero él no se detuvo ahí: la giró en seco para ponerla a cuatro patas sobre la cama, con ese culo prieto y redondo que tanto le excitaba esperando ser empotrado sin piedad. Las primeras embestidas en perrito la dejaron sin voz, con la cara enterrada en el colchón mientras él le agarraba las caderas con fuerza y le metía la polla hasta el fondo, haciendo que su coño chorreante se apretara alrededor de cada envite. Los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando llenaban la habitación junto a los gemidos entrecortados de ella, que no paraba de repetir cuánto le gustaba sentirlo así, profundo y animal. Cuando por fin él se corrió dentro, descargando toda su leche caliente en su vientre mientras ella se retorcía de placer, supo que hoy no fingiría más: ese coño suyo ya no se conformaba con menos que esa polla que la dejaba hecha polvo cada vez.