Chica colombiana de culo enorme folla sin condón al repartidor
La morena llegó sudorosa después de un día de calor pegajoso y se quitó el vestido corto sin pensarlo dos veces, dejando al descubierto esas tetazas naturales que tanto le gustan a él. El repartidor, un moreno de brazos marcados y sonrisa pícara, no pudo evitar que la polla se le pusiera dura al verla mordiéndose el labio mientras se tocaba el coño empapado. Sin mediar palabra, él la agarró por la cintura y la empujó contra la pared de la cocina, sintiendo cómo su culo redondo temblaba bajo sus manos. Ella gimió fuerte cuando le metió los dedos por el pelo y le tiró la cabeza hacia atrás, exponiendo ese cuello delicado que olía a perfume barato. La polla gruesa y morada del tipo se clavó en su rajita chorreante sin piedad, haciendo que ella arqueara la espalda y soltara un gemido gutural. Él la empotró contra la nevera, el sonido de los choques de carne resonando en toda la casa mientras le arrancaba la tanga de un tirón. Cada embestida le hacía botar esas tetas enormes que rebotaban al ritmo de los golpes, y ella no dejaba de chillar su nombre con voz de puta desesperada. La boca del repartidor no tardó en buscar sus pezones duros, lamiéndolos con avidez mientras le agarraba el culo con fuerza para hundirse más adentro. El coño de ella se contraía como una tenaza alrededor de su verga, y él supo que no aguantaría mucho más. Con un gruñido animal, la levantó en vilo y la tiró sobre la mesa del comedor, abriéndole las piernas hasta casi partirla en dos. La corrida fue brutal: un chorro espeso de leche caliente le llenó el coño hasta rebosar, manchándole las piernas y el suelo mientras ella se corría gritando como una posesa. Cuando por fin se dejó caer sobre su cuerpo sudado, él le susurró al oído que era la mejor follada que había tenido en años, mientras ella le lamía la polla aún palpitante para limpiarla de los últimos restos de semen.