Disfruta en secreto masturbándose en el baño de su suegra
Un aroma a loción floral flotaba denso en el aire mientras las respiraciones se volvían más cortas y controladas. El hombre obedecía la orden que su suegra le había dado esa mañana: entrar al baño y tocarse sin hacer ruido para que nadie lo descubriera. Ella le exigía control total y él aceptaba cada instrucción con la polla ya dura en la mano. Al principio solo rozaba la punta con los dedos pero pronto apretó el puño siguiendo el ritmo que ella le marcaba en mensajes cortos. Cada embestida contra su propia palma le recordaba quién mandaba y quién debía suplicar permiso para soltarse. El calor subió por su vientre y las rodillas le temblaron cuando imaginó a la mujer mayor observándolo desde el otro lado de la puerta. Susurró una súplica baja pidiendo autorización para correrse y esperó la respuesta vibrando en el silencio. Al recibir el permiso final descargó chorros espesos sobre la loseta blanca dejando una mancha húmeda que se extendió hacia el tapete gris. Un calcetín negro quedó tirado al lado del inodoro como prueba silenciosa de lo ocurrido.