Prixilatina te reta a llenarle el coño de leche en 30 minutos
Esa tarde en tu cuarto, con la luz tenue y el olor a su perfume barato flotando en el aire, ella te mira con esa sonrisa desafiante mientras se quita las medias. '¿Crees que puedes aguantar?', te dice, bajando la voz mientras se muerde el labio. Te agarra la polla con fuerza, ya dura, y te la chupa despacio, saboreando cada centímetro antes de montarte a horcajadas. Sientes cómo su coño mojado te envuelve entero de golpe, apretándote como si no quisiera soltarte. Ella gime fuerte, arqueando la espalda mientras te cabalga, sus tetas rebotando con cada movimiento. La volteas de golpe, empotrándola contra el colchón, y le metes la mano en el pelo para que no escape. '¿Así quieres que te lo dé?', le susurras al oído mientras la embistes con fuerza, sintiendo cómo sus paredes vaginales se contraen alrededor de tu verga. Ella te clava las uñas en la espalda, gimiendo tu nombre, pero no se rinde. 'Más fuerte', te exige, y tú obedeces, dándole todo lo que tienes hasta que la sientes temblar. Cuando te corres, llenándole el coño hasta que la leche rebosa, ella solo piensa en cuándo podrán hacerlo de nuevo.