Hermana de leche me reta a follármela en POV
—¿Te atreves a lamerme el coño como si fuera tu primera vez?— me desafió Skye, arqueando la espalda para que mi polla viera lo mojada que estaba. No me lo pensé dos veces: la empujé contra la pared y le arranqué el short con los dientes, dejando al descubierto su culo perfecto, redondo y temblando de expectativa. Le di una nalgada que resonó en toda la habitación, y ella gimió tan fuerte que supe que esto no sería un juego limpio. Me arrodillé y hundí la cara entre sus muslos, chupando su clítoris hinchado mientras ella me agarraba el pelo, tirando como si quisiera que me ahogara en su jugo. Cada lamida mía la hacía retorcerse, pero ella no iba a ceder tan fácil: —Ahora tú, cabrón— me ordenó, empujándome hacia la cama y montándose sobre mi cara sin avisar. Sentí su coño caliente aplastando mi boca, sus labios chorreando sobre mi lengua mientras ella se movía como una diosa, restregándose contra mí sin piedad. Cuando ya no pude más, la giré de golpe y la penetré de una estocada, sintiendo cómo su vagina apretada me envolvía hasta las pelotas. Cada embestida la hacía gritar, pero ella no se rendía: —Más fuerte, Leo, ¿o no tienes lo que hay que tener?— me provocaba, y eso me volvió loco. La levanté en el aire y la empotré contra la pared, follándola tan duro que sus tetas saltaban con cada golpe. Cuando por fin me corrí, inundando su culo perfecto, ella solo sonrió y me susurró: —La próxima vez, veremos quién pide clemencia primero—. Y yo ya estaba pensando en cómo hacerla gemir otra vez.