La madrastra rubia me dejó ver su culo en jeans sin bragas
El sol de la tarde entraba por la ventana del salón, iluminando el cuero de los jeans ajustados de mi madrastra mientras se inclinaba para recoger algo del suelo. Sabía que no llevaba nada debajo, y el brillo de su piel bajo la tela me volvió loco. Desde que mi padre se fue, ella se había vuelto más descarada, restregándose contra mí en la cocina o dejándome ver cómo se le marcaba el coño entre las piernas. Esta vez no me resistí: me acerqué por detrás, le levanté la blusa y le mordí el cuello mientras mis manos le apretaban las tetas grandes. Ella gimió, arqueando el culo hacia mí, y supe que quería que la follara ahí mismo. Le bajé los jeans de una patada, dejando su trasero redondo y perfecto al aire, y sin avisar le metí los dedos en el coño, que ya estaba mojado y caliente. Ella se retorció, pero no me detuvo, solo me miró por encima del hombro con esos ojos verdes y me dijo: 'Hazlo, cabrón, hazme sentir como una puta'. No me lo repetí dos veces: le agarré las caderas y le clavé la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su carne se cerraba alrededor de mí. Cada embestida la hacía gemir más fuerte, y cuando le di vuelta para ver sus tetas saltando, le chupé los pezones mientras la empotraba contra el sofá. En más de 11 minutos, la hice correrse tres veces, y cuando por fin me vine dentro de ella, su cuerpo tembló como si le hubieran dado un golpe. Después, cuando mi padre llegó a casa, ella se rio en su cara, sabiendo que acababa de follarse a su hijastro mientras él trabajaba.