Mi hermanastra Natydelgado no pudo resistir mi verga en la ducha
—No te atrevas a mirarme así, Zack— susurró mientras se ajustaba el sostén a propósito, dejando entrever sus tetotas. Pero tú ya la tenías ceba desde hace días, con esos short ajustados rozándote al pasar, esos mensajes humedecidos con morbo, esa forma de lamerse los labios cuando creías que no veías. Ahora aquí está, sudando contra las losetas, su coñito rosado brillando al abrirse para ti. La agarras de la cintura y la empujas contra la pared, sintiendo cómo sus tetas enormes rebotan con cada embestida. Natydelgado gime como una perra en celo, sus uñas arañándote la espalda mientras te la metes hasta las pelotas. El vapor de la ducha se mezcla con el olor a sexo, el agua cayendo sobre su culo perfecto, rebotando con cada golpe. Sus muslos tiemblan, sus fluidos escurren hasta tus huevos, y tú solo piensas en reventarle el chocho de una vez. La pones de rodillas, le empujas la cabeza hacia tu verga, y ella te la chupa con esa boca caliente, tragándosela hasta que el glande le golpea la garganta. Te la sacas de golpe, la volteas y le metes los dedos en el coño, sintiendo cómo se aprieta alrededor de ellos. La levantas de una vez, la empalas de nuevo, y esta vez la follas en cuatro, sus nalgas redondas temblando con cada embestida. Sus gritos rebotan en las paredes, el agua resbalando por sus pezones, y tú solo quieres correrte sobre esas tetas enormes. La volteas otra vez, la penetras en misionero, sintiendo cómo su coñito te aprieta más fuerte, más rápido, hasta que grita y se corre, su orgasmo chorreando sobre tu verga. Te la sacas de golpe, te masturbas sobre sus tetas, y sientes cómo tu leche caliente le baña los pechos. Ella jadea, su cuerpo temblando, pero tú solo quieres más, más, hasta que...