Dos gorditas juguetonas se dejan montar como perritas
Esa tarde en el sótano de la casa, con la puerta entreabierta y el riesgo de que el marido de una de ellas apareciera en cualquier momento, las cosas se pusieron calientes. Te agarras a las nalgas gruesas de Deedee mientras ella arquea la espalda, gimiendo bajito para que no la escuchen. Sientes cómo su coño mojado se aprieta alrededor de tu polla, y el sonido de los muslos chocando llena el cuarto. Venganza Blanca, con sus tetas enormes balanceándose, se arrodilla frente a ti y te la chupa con ansias, ahogando los gemidos entre tus piernas. El sudor resbala por sus cuerpos, y las cadenas que llevan en los collares tintinean cada vez que se mueven. Escuchas pasos arriba, pero no paras, solo aceleras el ritmo, embistiendo a Deedee contra la pared mientras ella muerde una almohada para no gritar. Venganza Blanca se corre en tu boca, y tú le llenas la cara de leche, manchando sus tetas blancas y su piel suave. Al terminar, el collar de Venganza Blanca queda tirado en el suelo, junto a un charco de saliva y semen.